Tras derrotar a Coki Nieto y Mike Yanguas en la final del P1 de Madrid, Alejandro Galán y Federico Chingotto tuvieron que resolver una ecuación táctica particularmente compleja. El argentino dominó la mayor parte del juego, mientras que su compañero buscó oportunidades para intervenir. La victoria por 6-4, 5-7 y 6-4, tras 2 horas y 43 minutos de juego, refleja tanto una batalla de posicionamiento como un triunfo colectivo.

Chingotto, bajo presión, se mantuvo a distancia con Galán.

Centrar el juego en Chingotto para limitar la influencia de Galán: la estrategia de Nieto y Yanguas tenía una lógica clara. Evitar al jugador del Madrid reducía las posibilidades de ser superado por su potencia, al tiempo que obligaba a su compañero a realizar una serie de esfuerzos y tomar decisiones.

Pero esta estrategia defensiva no consistía simplemente en enviar todos los balones en la misma dirección. Los españoles alternaban entre tiros rasos y balones largos para desestabilizar a Chingotto, cambiar su posición y complicar sus opciones de ataque.

El resultado fue una distribución muy desigual de los intercambios: un jugador participaba activamente, mientras que el otro se veía obligado a permanecer disponible sin saber cuándo podría influir realmente en el juego. Para Chingotto, la dificultad no radicaba simplemente en devolver una bola extra. Tenía que encontrar la manera de permitir que la pareja recuperara la iniciativa.

Yanguas al bloque, Nieto para prolongar la trampa

El mecanismo se hizo especialmente evidente cuando Chingotto recibió un globo. Yanguas avanzó hacia el bloqueo para disputarle el control de la red y dificultar su remate aéreo.

El argentino podía intentar acelerar hacia él, buscar un hueco o cambiar de dirección jugando por la banda hacia Nieto. Pero ninguna de estas opciones garantizaba un alivio inmediato de la presión.

En rueda de prensa, Chingotto confirmó esta dificultad: al dirigir la jugada hacia Coki, un nuevo Globo regresaba y Nieto también podía avanzar. Por lo tanto, tuvo que buscar diversas soluciones, sin siempre encontrar la ejecución deseada.

Esto es lo que hacía interesante el sistema español: el bloqueo de Yanguas no tenía por qué ser suficiente para finalizar el punto. Podía obligar a Chingotto a cambiar de estrategia, arriesgar más o reiniciar su construcción de juego.

Galán interviene en el centro para relevar a su compañero.

Ante este ataque organizado, los pases entrecortados de Galán en el centro del campo proporcionaron una respuesta crucial. Al interceptar el balón, el jugador del Madrid permitió a Chingotto desmarcarse, al menos momentáneamente, de esta jugada.

El valor táctico de estas intervenciones iba más allá de simplemente ganar el tiro. Interrumpían los intercambios repetitivos hacia el argentino y obligaban a los rivales a lidiar con otro tiro, otro ángulo, otro ritmo.

Para un jugador apartado del juego, la tentación de aprovechar la primera oportunidad, por imperfecta que sea, es muy fuerte. Galán explicó acertadamente la presión que siente en estas situaciones: realizar una jugada requiere un posicionamiento, una sincronización y una ejecución perfectos. Un error puede resultar entonces especialmente frustrante.

Esta final ilustra una dificultad a menudo subestimada: recibir menos pelotas no significa tener una tarea fácil. Hay que mantenerse activo, leer el peloteo y elegir el momento adecuado para crear espacio sin perjudicar a la pareja rival.

Continúa creando a pesar de las oportunidades perdidas.

Sin embargo, el desarrollo del partido demuestra que esta respuesta no fue suficiente para lograr una victoria cómoda.

Galán y Chingotto sacaron para ganar el título con 5-4 en el segundo set, antes de perder tres juegos consecutivos y permitir que Nieto y Yanguas igualaran el partido a un set por bando. En el tercero, finalmente lograron romper el servicio con 4-4 y luego cerraron el partido con su propio saque.

Los ganadores solo lograron convertir tres de sus 24 oportunidades de quiebre. Esta cifra pone de manifiesto tanto la presión que ejercieron como la resistencia de sus oponentes.

Por lo tanto, sería engañoso hablar de una revolución táctica en la segunda mitad. Galán explicó que no hubo grandes cambios: lo principal era mantener la calma y seguir creando ocasiones.

Esta vez, Galán también cargó mentalmente con Chingotto.

La ayuda del jugador del Madrid no se limitó a las intercepciones. Chingotto admitió que le faltaba confianza y que se autocriticaba mucho. También destacó el apoyo constante de Galán, quien lo animó a seguir adelante y le recordó que estaba jugando bien.

Aquí también se decidió la final. Chingotto tuvo que seguir respondiendo bajo presión; Galán tuvo que permanecer disponible para intervenir, al tiempo que ayudaba a su compañero a mantener la ventaja.

Nieto y Yanguas pusieron a prueba esta dupla. Los campeones perseveraron, pero las dificultades persistieron. En Madrid, recuperar la forma no se trataba solo de que Galán tuviera más contacto con el balón; significaba encontrar la manera de que ese contacto fuera efectivo en conjunto.

Antoine Tricolet

Descubrí el Padel Llegué a España por casualidad, en un camping. Me enganché al instante; me apasiona el pádel y sigo las noticias internacionales y regionales con el mismo entusiasmo que el propio deporte.