A pesar de haber sido derrotado por Galán y Chingotto en los cuartos de final del Grand Slam de París, Aimar Goñi no pasó desapercibido en Roland Garros. Su potencia, su remate y su capacidad para definir puntos dejaron una huella imborrable. Tanto es así que se ganó un apodo a la altura de su impacto: "Goñizilla". Detrás de este apodo, se vislumbra una tendencia: el joven español ya no es solo un fenómeno físico; está empezando a representar una verdadera amenaza para las parejas de élite del circuito. 

“Goñizilla”, mucho más que una cuestión de poder

El apodo aún no es oficial, pero refleja a la perfección la impresión que deja Aimar Goñi cuando entra en acción:  Goñizilla .

Con tan solo 20 años, el navarro ya posee uno de los brazos más impresionantes del circuito. Su altura, explosividad y capacidad para golpear tiros muy altos le permiten finalizar puntos desde posiciones desde las que pocos jugadores podrían atacar con éxito.

Pero reducir a Goñi a su remate sería demasiado simplista. Su evolución radica precisamente en que este poder se manifiesta cada vez menos como una sucesión de golpes espectaculares y cada vez más como un arma capaz de influir en todo un partido.

Roland-Garros, la confirmación de un nuevo estatus

En París, Goñi y Edu Alonso lograron primero uno de los resultados más notables del torneo al eliminar a Coki Nieto y Mike Yanguas, recientes finalistas del Madrid P1,  6 / 4 6 / 3 .

Existía una verdadera complementariedad entre ambos: Alonso se encargaba de gran parte del trabajo defensivo, mientras que Goñi demostraba ser especialmente eficaz en el remate.

Las condiciones parisinas también permitieron al joven español demostrar su potencia. Alonso reconoció tras el partido que la pista les había favorecido, ya que Goñi pudo golpear la pelota con más eficacia que Nieto y Yanguas. Sin embargo, aún necesitaban capitalizar esta ventaja contra una pareja que apenas una semana antes había derrotado a Coello y Tapia.

Este éxito no fue, por lo tanto, solo fruto de una racha positiva. Goñi y Alonso lograron imponer una identidad clara: defender, controlar los intercambios y generar suficientes balones favorables para que su rematador pudiera desplegar su potencia.

La siguiente ronda confirmó esta impresión, incluso en la derrota. Frente a Galán y Chingotto, Goñi y Alonso forzaron un desempate contra los segundos cabezas de serie en el primer set. Finalmente, los favoritos se impusieron.  7/6(5) 6/2 Aunque subieron su nivel en el segundo set, Goñi demostró que podía reaccionar y hacer dudar a una de las mejores parejas del mundo.

El poder se vuelve reproducible

Probablemente aquí reside su verdadero punto de inflexión.

Goñi ya había logrado hazañas impresionantes. En 2025, tras superar la fase previa del P1 de Tarragona, alcanzó los cuartos de final y venció a Paquito Navarro y Lucas Bergamini antes de perder contra… Galán y Chingotto.

Un año después, el contexto ha cambiado. Goñi ya no es un jugador prácticamente desconocido que disfruta de una semana excepcional. Ahora ocupa el  36to lugar en el mundo , con una semifinal en el Asunción P2 y varios cuartos de final en el circuito Premier Padel en 2026. Al 7 de septiembre, su récord de temporada se situaba en  22 victorias por 16 derrotas .

Sus actuaciones ofensivas se repiten ahora en torneos y bajo diferentes condiciones. En Málaga, ya había ayudado a Coello y Tapia a ganar un set. En París, contribuyó a la eliminación de Nieto y Yanguas antes de plantar cara a Galán y Chingotto y ganar un set.

El matiz es importante: Goñi aún no ha cruzado definitivamente el umbral de la élite mundial, pero ya no depende únicamente de un día perfecto para preocuparse por lo mejor.

El próximo desafío: existir cuando el éxito rotundo ya no sea suficiente.

Los cuartos de final de París también demuestran el trabajo que aún queda por hacer.

En el primer set, Goñi y Alonso lograron mantenerse cerca de Galán y Chingotto. En el segundo, los favoritos recuperaron gradualmente el control. A este nivel, las mejores parejas saben cómo limitar las oportunidades de remate, imponer más golpes bajos y obligar al rematador contrario a construir varios golpes antes de poder atacar.

Por lo tanto, el siguiente paso de Goñi dependerá menos de su capacidad para golpear aún más fuerte que de todo lo que precede al golpe: paciencia, sincronización, cobertura de la red, defensa y la capacidad de seguir siendo influyente cuando los oponentes se niegan a darle una pelota cómoda.

Su dupla con Edu Alonso parece ideal para ayudarle a progresar en esta dirección. Alonso estabiliza, defiende y construye el juego; Goñi asume más riesgos y busca la definición. El joven español asume con naturalidad esta división de roles: se define como el que intenta ganar el punto, con el riesgo de cometer errores que esta responsabilidad conlleva.

En Roland-Garros,  Goñizilla aún no ha derrocado a los gigantes del circuito. Pero demostró que estaba empezando a adaptarse a su mundo. Y cuando un joven de 20 años ya posee tal poder mientras aprende a usarlo mejor, el potencial de mejora se vuelve casi tan impresionante como su remate.

Antoine Tricolet

Descubrí el Padel Llegué a España por casualidad, en un camping. Me enganché al instante; me apasiona el pádel y sigo las noticias internacionales y regionales con el mismo entusiasmo que el propio deporte.