La victoria de Tino Libaak y Álex Chozas sobre Marcos González y Martín Abud, que les permitió alcanzar los dieciseisavos de final del torneo Málaga P1, no logró disipar las dudas que rodeaban a la pareja argentina. A pesar de su clasificación, ambos jugadores tuvieron que disputar tres sets en un partido que parecían más capaces de controlar con mayor comodidad.

Una actuación que, en definitiva, resume bastante bien su colaboración: un potencial evidente, algunas secuencias de muy alto nivel, pero demasiada falta de continuidad como para consolidarse realmente entre las mejores parejas del circuito.

Chozas, capaz tanto de lo espectacular como de la modestia.

Álex Chozas posee un talento innegable. Cuando juega con libertad y el partido se desarrolla a su favor, el argentino puede realizar golpes excepcionales y darle la vuelta a un punto con su pura creatividad.

Pero cuando el partido se vuelve más reñido, cuando tiene que aceptar defender, construir ataques y ganar puntos sin jugar de forma brillante, su actitud a veces puede dar la impresión de indiferencia. Contra González y Abud, Chozas volvió a alternar entre destellos de genialidad y momentos mucho más discretos.

El problema, por lo tanto, no radica en su habilidad para jugar al pádel, sino en su capacidad para mantener el mismo nivel de compromiso cuando las cosas no van bien. A este nivel, el talento gana puntos; la constancia y la intensidad ganan partidos con regularidad.

Un Libaak que se está aislando gradualmente

Esta inconsistencia afectó directamente a Tino Libaak. El joven argentino a veces se encontraba aislado en la construcción del punto, con la sensación de tener que cubrir más terreno y mantener la intensidad de la pareja en solitario.

A medida que la presencia de Chozas disminuía, González y Abud comenzaron a ganar confianza. Los menos favoritos vislumbraron una oportunidad y resistieron, forzando un tercer set que parecía evitable.

Libaak y Chozas finalmente lograron asegurar los puntos cruciales para el resultado esperado, pero su actuación puso de manifiesto la falta de conexión emocional entre ambos jugadores. Cuando uno atravesaba un momento difícil, el otro no siempre parecía capaz de animarlo.

Un par que probablemente no fue hecho para durar.

Sobre el papel, la dupla prometía mucho. Libaak aporta su calidad defensiva, velocidad, lectura del juego y capacidad para orquestar ataques con considerable potencia ofensiva. Chozas, por su parte, posee mayor creatividad y puede controlar el juego desde la banda izquierda.

Pero una colaboración no se basa únicamente en la suma de dos perfiles técnicos. También depende de la comunicación, la confianza y la capacidad de superar juntos los momentos difíciles.

Desde esta perspectiva, Libaak y Chozas nunca parecieron operar dentro de la misma dinámica. Su separación tras la primera división del Málaga, por lo tanto, resulta menos sorprendente que la consecuencia lógica de una colaboración que nunca encontró su verdadera identidad.

¿Podrá Barahona movilizar a los Chozas?

Javi Barahona será ahora el nuevo compañero de Álex Chozas. Una alianza interesante desde el punto de vista deportivo, pero que rápidamente planteará la misma pregunta: ¿cómo sacar el máximo provecho del jugador argentino a largo plazo?

Barahona obviamente tendrá que demostrar una mentalidad fuerte. Pero, sobre todo, tendrá que motivar a Chozas, mantenerlo involucrado y ayudarlo a aceptar las secuencias donde la eficiencia es clave antes de intentar ser espectacular.

Porque el reto de Álex Chozas ya no consiste simplemente en demostrar su talento. Todo el circuito ya lo sabe. Ahora debe demostrar que es capaz de poner ese talento al servicio de un proyecto colectivo, con los mismos altos estándares tanto en los buenos como en los malos momentos.

Probablemente, bajo esta condición su próxima asociación podrá dar un verdadero paso adelante.

Antoine Tricolet

Descubrí el Padel Llegué a España por casualidad, en un camping. Me enganché al instante; me apasiona el pádel y sigo las noticias internacionales y regionales con el mismo entusiasmo que el propio deporte.